Blogia

Caja de Cerillas

Mudanza ¡Importante!

¡Hola cerillas!

Como habeis podido observar, el aspecto del blog no ha cambiado en nada en el último mes y sigue siendo pobre y feo. He intentado mejorarlo como he podido, pero nuestros queridos patrocinadores lo tienen bastante restringido y me ha sido imposible.

Así que he optado por mudar la página a Blogger donde si ofrecen personalizar el blog. Espero poder darle el aspecto que se merece. Ahora además cada uno podrá entrar con su propia cuenta de usuario para publicar con su nombre. De momento voy a dejar los artículos publicados aquí para que los que querais los vayais moviendo cuando os parezca.


Ante cualquier duda, mandarme un emilio


La dirección:


http://lacajaDcerillas.blogspot.com


Un saludo


David

Melancolía inducida por amor

Melancolía inducida por amor

Camino cabizbajo hacia aquellas zonas de la ciudad que me hacen sentir bien. Camino para adormilar mis sentimientos. Camino porque si me detengo me atormentan. Es como si me persiguieran y cada vez que me paro me dan alcance y salen a la luz de la conciencia. De repente empiezo a ser demasiado consciente de mis respuestas psicofisiológicas. Tengo miedo y a la vez valor. Estoy abatido pero al mismo tiempo hay esperanza.

A veces un simple roce es capaz de grabar en nuestra memoria esas sensaciones placenteras que nos llegan a través de las terminaciones nerviosas de la piel. Pero qué fácil se quiebra el corazón una vez abierto. Basta un gesto, una mirada o la terrible ignorancia para decir adiós.

Por la noche el cansancio hace mella en mi y me permite conciliar el sueño. Allí encuentro más miserias y alguna que otra alegría.

Hoy es otro día, otras actividades requieren mi atención. Se despiertan en mi alma nuevas inquietudes, metas que antes jamás me había planteado. Pero el terror me persigue, no importa que día o que hora, tampoco importa si es fiesta o tengo que trabajar. Está aquí y poco puedo hacer por evitarlo.

Está en acción la melancolía. Amiga de poetas, tormento mundano, me coges la mano y me arrastras a tu lado. Eres mi dicha y desdicha. No quiero estar contigo aunque me sobren los motivos. Pero creo que después de todo prefiero sentir dolor a tener abotargado el corazón. Por eso me alegro de volver a vernos, te echaba de menos.

Juan. 

Un polizón...

¡Hola!

 Me presento: me llamo Judith, tengo 22 años, estudio 5º de filología hispánica en Zaragoza, escribo desde los 7 años y hago teatro desde los 12 (aunque últimamente esté un poco parado por culpa de Cervantes y compañía). Soy amiga de Mari Ángeles, fue ella quien me habló de este sitio y me invitó a entrar. Espero que os guste lo que escribo, tengo un estilo muy personal (aunque en literatura todos, mejores o peores, copiamos de los anteriores).

 Y bueno, aquí os coloco una de cuando estaba enamoradísima y esas cosas, allá por el 2005. Se admiten todo tipo de críticas (constructivas, jeje, eso sí). 

 Un saludo a todos ;)

SOMBRAS

Que venga y me pise la cara,

Me rompa el alma a pedazos,

Me robe el aliento y las ganas,

Que yo le acojo en mis brazos,

A quien más dolor me causa.

Que venga y me quite la tierra,

Me despoje de mis zapatos,

Me hunda entre tinieblas,

Dibuje en mi lienzo arañazos,

A quien más dolor me causa.

Que venga entre la locura

Como el fango embrutecido,

Que torne mi carne oscura

Del maltrecho recibido,

A quien más dolor me causa.

Que venga como un remolino,

Como el hijo de una centella,

Que sea el fin de mi destino,

¡Portador de mi muerte, que venga!

A quien más dolor me causa.

Los versos en cursiva son un préstamo tomado de Gonzalo Torrente Ballester.

GODOFREDO Y PANCRACIO

GODOFREDO Y PANCRACIO

En la parada del bus...

- ¡Hola! Mi nombre es Godofredo, al verle a usted, sentado escribiendo, me han dado ganas de acercarme y preguntarle de qué se trataba...

- No crea que es algo de lo que deba sentirme orgulloso. Escribo porque haciéndolo, siento que mi alma descansa.

- ¿Descansa de verdad? Porque yo le noto un poco agitado...

- Agitado no sería la palabra adecuada, más bien yo diría perturbado.

- ¡Perturbado!

- Sí. ¿Acaso le preocupa a usted expresar sus propios sentimientos?

- Oh no, pero me parece una palabra demasiado fuerte como para ser dicha.

- ¿Qué puede decirme usted que no sea tan "fuerte"?

- ¿Qué le parece enojado?

- ¡Enojado!

- ¿Qué le parece?

- No hay adjetivo peor que describa...

- ¡Espere, ya lo tengo!

- ¿Qué tiene?

- ¡El adjetivo!

- ¿Dónde?

- En mi cabeza.

- ¡¿Dónde?!

- ¡En mi cabeza!

- ¡Ah, pues traígamela y así me quedaré su adjetivo, si es que lo encuentro!

despertad vuestros oidos

visual poetry

björk.... all is full of love: http://es.youtube.com/watch?v=EjAoBKagWQA

d[-.-]b  Patricia Meler

all is full of love

all is full of love

d[-.-]b Patricia Meler

dolor y languidez... *

 

 

Quiéreme por cada lágrima que derramé por ti.
Por cada alfiler oxidado que clavaste y ahora envenena mi corazón.

Sólo porque la herida escuece, y no tengo alcohol para curarla. Todo él corrió por mi garganta en una madrugada perenne, cuando aún creía en sombras difusas.
Y ahora, esquilmados gusanos recorren mis manos, buscando algo maldito entre la materia aún viviente.
No abandones a este usado fósforo en el que me he convertido...
pues sólo intentaba estar a tu lado.

• • anita gallego

MI VENTANA

Mi ventana es en cierto modo especial. Sentado o apoyado en el alféizar, descansando con mis recuerdos, entran luces deteniendo cada instante y concentrándolos en uno solo; como un collage de retazos o una mirada de conjunto.

Mi ventana es, por otro lado, como otra cualquiera. Objetivamente no tiene ninguna diferencia con las de su especie. Sólo, matices. Los accidentes acompañando una sustancia, la hacen diferente de otras cosas con la misma esencia.

Ésta ventana –con sus marcos de olor a barniz rancio, sus vidrios tapizados de transparencia, sus persianas de casi media centuria…–, tiene un rasgo definidor, por ello es propiamente especial. Y es que, ella, ha sido testigo y compañera. A su lado me he sentado innumerables veces. Los motivos han sido muy diversos. Unas veces, acompañando mis lecturas en verano, ha dejado pasar corrientes de alivio y frescura. Otras, ha sido testigo de mis observaciones, de mis divagaciones, buscando en lo más profundo de mi ser, asentar ideas, trenzarlas con tristezas o con alegres elevaciones del espíritu. Al fin y al cabo, ¿qué es una ventana sino el acceso del hombre a su propia realidad?

Mi ventana no es un ser inanimado, inerte y muerto; tampoco ocupa un espacio físico: está viva en cada átomo que compone las cosas, en los susurros y ruidos de la calle, sus efluvios de cientos de colores… Mi ventana es el rosetón de una catedral, el oculus, el ojo que llora y ríe, el sonido del crepúsculo…

Mi ventana, que reza y maldice, es la misma condición del hombre. Es el hueco carente de materia. Es, en definitiva, el agujero en ese velo imperceptible, que como dice Bergson, impide a los sentidos el goce de la pureza original de las cosas.

M. Arjona

UN FINAL MÁS

El apartamento era pequeño. La puerta que daba a la calle estaba frente a la ventana en la que Claudia apoyaba su cabeza.

Afuera, un portazo al cerrarse un coche negro. Un ruido de motor al encenderse y salir calle abajo. Después, nada.

La pestaña superior de su ojo derecho barría las minúsculas motas de polvo al parpadear.

En el centro de la habitación había una mesa baja, de madera barnizada. Encima de la mesa, un cenicero saturado de colillas. Cerca de la puerta, un jarrón hecho añicos se desparramaba por el suelo. Los claveles blancos estaban aplastados y dispersos. Unas insignificantes gotas, como lágrimas contenidas pero inevitables, circulaban de la boca partida del jarrón al suelo, en un trayecto desesperado.

Claudia había recorrido con la mirada la puerta del coche al cerrarse, echar marcha atrás y desaparecer calle abajo. Después, el hueco en la acera estaba tan intacto como si nunca se hubiera estacionado un coche negro. Ese vacío era más auténtico.

Movió ligeramente la cabeza hacia el interior. Todavía observaba, sin expresión en el rostro, el hueco de la plaza. Se frotó la nariz con la mano, alteradamente. Efectivamente, el coche no iba a volver calle arriba. Nadie le iba a consolar, ni a reparar su jarrón de porcelana.

De la pintura blanca de las paredes y el techo se levantaban bolsas de humedad. Alguna tubería rota. Pero eso ahora no tenía importancia. Las paredes podían desaparecer. El techo, el sofá, los muebles, la puerta de entrada, la mesa… todo eso podía desaparecer. No eran más que menudencias. Lo único importante ahora era la plaza vacía, las flores pisoteadas. El cenicero repleto de colillas. El jarrón hecho añicos.

Sin embargo, la situación quizá no era inmutable.

Claudia se despegó del cristal. Observó distraída el cenicero y se sentó en el sofá. Al sentarse, notó algo debajo. Era un jersey rojo, de cuello vuelto. Lo acercó a su nariz y lo olió atentamente. Desprendía un fuerte aroma. Se levantó con el jersey en la mano. Corrió el cristal de la ventana y lo lanzó lo más lejos que pudo. Ahora la plaza no estaba vacía. Se encendió un cigarro y volvió a sentarse. Miró a su alrededor. El jarrón desparramado encharcaba el suelo. Se acercó a recoger los añicos. Estaban afilados. Tanto que se cortó con uno de ellos. En un ataque de ira lanzó los restos por la ventana, al igual que las flores y el cenicero con las colillas.

M. Arjona

EL VELOCIRAPTOR

El velociraptor mostró su cabeza empañando de vaho el cristal del ojo de buey.

Fran y yo estábamos en la sala, enfrascados en nuestros respectivos libros y escuchamos en aquél instante el monstruoso jadeo que provenía de sus fauces entreabiertas. Incorporamos la cabeza y dirigimos nuestra mirada al cristal circular de la puerta. Ahí estaba su enorme cabeza, acechándonos con su mirada, observándonos de hito en hito. Su mirada sanguinaria parecía inteligente; no asomaba la duda en sus ojos encharcados en sangre.

El shock incapacitó nuestros cuerpos entumeciéndonos músculos y articulaciones. El corazón, palpitando a tres mil revoluciones. Nuestra respiración era incapaz de marcar el ritmo del pulso.

Tras varios segundos de incredulidad decidimos simultáneamente guardar los libros y mirar para otro lado. Nos encendimos un cigarro apretando fuertemente los labios. Tras la segunda o tercera calada, el peligroso saurio desaparecía de la sala, o quizá de nuestra imaginación demasiado alterada por la lectura.

M. Arjona

 

Comenzamos

Comenzamos

Bienvenido al blog "Caja de Cerilllas", desde donde iremos publicando los trabajos que surjan de las podridas mentes de sus miembros.

De momento estamos en obras, permanezcan a la espera.