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Caja de Cerillas

Melancolía inducida por amor

Melancolía inducida por amor

Camino cabizbajo hacia aquellas zonas de la ciudad que me hacen sentir bien. Camino para adormilar mis sentimientos. Camino porque si me detengo me atormentan. Es como si me persiguieran y cada vez que me paro me dan alcance y salen a la luz de la conciencia. De repente empiezo a ser demasiado consciente de mis respuestas psicofisiológicas. Tengo miedo y a la vez valor. Estoy abatido pero al mismo tiempo hay esperanza.

A veces un simple roce es capaz de grabar en nuestra memoria esas sensaciones placenteras que nos llegan a través de las terminaciones nerviosas de la piel. Pero qué fácil se quiebra el corazón una vez abierto. Basta un gesto, una mirada o la terrible ignorancia para decir adiós.

Por la noche el cansancio hace mella en mi y me permite conciliar el sueño. Allí encuentro más miserias y alguna que otra alegría.

Hoy es otro día, otras actividades requieren mi atención. Se despiertan en mi alma nuevas inquietudes, metas que antes jamás me había planteado. Pero el terror me persigue, no importa que día o que hora, tampoco importa si es fiesta o tengo que trabajar. Está aquí y poco puedo hacer por evitarlo.

Está en acción la melancolía. Amiga de poetas, tormento mundano, me coges la mano y me arrastras a tu lado. Eres mi dicha y desdicha. No quiero estar contigo aunque me sobren los motivos. Pero creo que después de todo prefiero sentir dolor a tener abotargado el corazón. Por eso me alegro de volver a vernos, te echaba de menos.

Juan. 

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